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¡LO QUIERO YA!


Manejamos tales necesidades y deseos desde el momento inicial de la llegada de los bebés al mundo hasta que han completado su adolescencia. Tenemos que descubrir cuáles son las necesidades reales de nuestros hijos y qué hacer cuando ellos quieren cosas que no necesitan o que no podemos darles. Y tenemos que enfrentar nuestros sentimientos de tristeza, frustración o rabia frente a todas esas necesidades y deseos que ellos tienen.

Como padres, dedicamos nuestra vida a hacer de ellos los mejores seres humanos, pero tarde o temprano descubrimos que es difícil ser generosos cuando nuestras propias necesidades de descanso, seguridad y requerimientos básicos no son cumplidas a satisfacción.

Es suficiente con decir que los niños necesitan una atención individual y cálida de parte de sus padres y otros adultos que les rodean. Igualmente necesitan ser tratados con respeto, jugar, tener espacios amplios para experimentar y muchísimas respuestas positivas sobre quiénes son y sobre los interesantes experimentos que realizan. Ellos necesitan información sobre lo que sucede a su alrededor desde el inicio: sus mentes trabajan ma-ravillosamente y desde que nacen comprenden las emociones de cada interacción que tienen con sus padres. Incluso comprenden nuestro idioma más allá de lo que creemos y hasta cuando cumplimos con sus necesidades adecuadamente, hay momentos de cada día en los que los hijos añoran la atención o las cosas que no les podemos dar en el instante en que ellos sienten que las necesitan. Cuando mamá y papá logran manejar estos momentos de añoranza intensa de forma agradable y comprensiva, se produce una gran diferencia en la vida de los niños. Su deseo puede persistir aunque no haya la necesidad

Los niños adquieren sentimientos de necesidad de atención, de alimentación, de cercanía física, de seguridad de que todo estará bien, durante los momentos en que sienten temor o tristeza. Estos momentos ocurren en la vida de cada niño sin importar cuán atentos a ellos sus padres estén. Un ejemplo de esto pudiera ser el que se produce cuando un bebé siente dolor debido a que le están saliendo los dientes y al mismo tiempo tiene hambre. Al tomar del pecho o del biberón percibe el dolor de manera tal que los esfuerzos de su madre para calmar su hambre no logran subsanar la situación. El bebé se alimenta y llora, y la madre se siente triste o frustrada, deseando tener una respuesta mágica. Incluso, luego de que termina el proceso de dentición, la memoria emocional del bebé pudiera retener esos sentimientos. En ciertas ocasiones, los niños experimentan una gran necesidad que no es satisfecha: quieren sentirse seguros y cercanos y cuidados, por ejemplo en los primeros días luego de su nacimiento. Cuando un bebé tiene que ser tratado médicamente o separado de sus padres por otras razones, tendrá un sentimiento de necesidad y un temor que no logra ser subsanado por el personal del hospital y, por eso, cuando finalmente retorna a los brazos de sus padres, sus necesidades son satisfechas, pero los sentimientos de necesidad producidos anteriormente y que tanto le asustaron, lo tornan inquieto, incapaz de dormir bien y empieza a llorar y a tener rabietas sin razón aparente. A veces los niños adquieren una colección de sentimientos producidos por incidentes que los adultos no tomamos en cuenta como, por ejemplo, el alejamiento de papá cuando se va a trabajar en la mañana o el de mamá cuando de repente tiene que dejarlo para ir a contestar el teléfono o ayudar al hermano mayor en su tarea. En cualquier caso, estas experiencias de necesidad, ya sean grandes o pequeñas, dejan pesados paquetes de sentimientos que los niños cargan por mucho tiempo hasta que logran curarse de ese dolor, pequeño o grande. Una cosa es la necesidad y otra el deseo

Que un hijo quiera una bicicleta nueva, que la hija quiera una muñeca no está mal. Todos queremos ciertas cosas que nos gustaría tener, pero cuando esos deseos se salen de control, los padres deben limitar el exceso de antojos de sus hijos. Sus demandas aumentan entre los 7 y los 10 años, debido al cambio cognitivo que les permite ser más conscientes de otras circunstancias que son diferentes a las propias y, como resultado de ello aparecen las comparaciones entre lo que tienen y lo que otros niños, amigos y compañeros tienen. Una forma de enfrentar tales demandas es ignorarlas, dejarlas pasar como algo que se le ocurre al niño en ese instante y ya se le olvidará, sin embargo, una mejor sugerencia es redirigir al niño y usar un sistema de listados a través del año para ir colocando en orden de prioridad lo que cada miembro de la familia necesitará. De esta manera los niños se darán cuenta de que no todo está siempre al alcance de la mano y que, a veces, tanto los padres como los hijos tienen que prescindir de ciertas cosas que quisieran tener. Hay que hacerles ver que todos tenemos necesidades, deseos y que los padres sí tratan de satisfacer esas necesidades de sus hijos, pero que sería imposible que puedan hacer lo mismo con sus deseos pues hay cosas que, por más que quieran darles no están a su alcance y, si pudieran hacerlo de alguna manera, no estarían haciendo algo bueno porque acostumbrarían a los hijos a que se les conceda todos sus caprichos y, más tarde en la vida, cuando no puedan ser los padres los que les dan todo lo que se les ocurre, sus frustraciones terminarían siendo un peligro para una existencia sana y tranquila. Además, nos ha tocado vivir dentro de una sociedad impulsada por el consumo, que no hace diferencia entre lo que realmente se necesita para sentirse cómodo, sano y seguro y lo que creemos que tenemos que tener para ello. Mucho cuidado con esto, pues los padres pueden excederse en sus complacencias y eso causaría efectos nocivos en sus hijos. Frases como "mi hijo necesita tener muchos juguetes para ser creativo", "no puedo soportar las lágrimas de mi hijo y sus berrinches, especialmente cuando estamos de compras", "esperé mucho tiempo para tener a mi hija y tengo derecho de mimarla si quiero", "trabajo largas horas y paso poco tiempo en casa, así que trato al menos de complacer a mis hijos en todos sus caprichos", son no solo inadecuadas sino absurdas, mucho cuidado con ello pues más tarde será difícil cambiar a los niños que han sido mimados en exceso y se han acostumbrado a tener todo lo que desean.


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